viernes, 15 de octubre de 2010

El sueño del Caracol

Hoy es 15 de octubre. Debería ser algún día.
Hace semanas que no coordino para juntar una palabra con otra, y sin embargo, sin pensar, hoy derramé una lágrima de confusión y escupí en un suspiro unas palabras.
"Porque me muero en cada una de tus melodías, y porque estás muerto en todos mis poemas"
Quiasmo.
Lo que me lleva a retroceder el plano, y salir del monitor, y entrever indirectamente la copia en mi regazo, que quiere transportarme del amor cortés al roman bretón, haciendo que reviva ese análisis sobre lo equivocados que están algunos autores sobre la filosofía de la antigua religión de los druidas.
No hay a quien explicarle que no es el momento de mi vida para sentarme a estudiar el amor cortés. No hay manera de sacarme de la cabeza que la carta 41 ya empezó a ser escrita, que está sujeta ferozmente en algún rincón de mi cabeza, aunque decida no darle existencia física, negándome a dejarla ser parte del resto.

Me rasco la cabeza y miro estas palabras, contenidas por semanas. Hay miles de historias muertas. Hay miles de historias agonizando. Por qué tengo la tendencia a las frases paralelas? Recurso poético que enfatiza, y en mi pequeña concepción, plantea duda, plantea puntos de vista, plantea dualidades. Recurso que me devuelve a mi copia sobre el amor y Occidente. Debería sentirme de alguna manera que no es la se hace presente.

Y como para hacer algo distinto, y salirme del caracol, pienso en sacar del escritorio la taza del café de la mañana, en mirar la Luna por la ventana; la inmovilidad gana. Siempre. Desde el escritorio, un Aristóteles me dice que la tragedia y la comedia tiene un origen común; yo agrego: "contrario a la inmovilidad"
Al menos así no hay opción.

El bucle podría ser otro. Podría no tener que pensar todo esto.
Por eso, hoy 15 de octubre, debería ser algún día.
Instantáneamente se transforma en uno.
Uno donde vuelvo a escribir, aunque nadie vaya a leer.
Uno donde mi responsabilidad de leer sobre el amor cortés se puede pudrir en el infierno.
Uno donde acepto que octubre es el mes de la carta número 41, aquella que nunca debería ser necesaria.

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