Ayer ganó nuevamente la inacción.
Ganan las estructuras. Gana la economía de las opciones.
Porque empequeñecer el panorama mata la variedad. Y ahí, justo ahí, es donde la cosa falla.
Dejar de pelear el caos, dejar de responder a ese estímulo con la fina línea del orden, es el próximo paso.
Si no sabemos la respuesta, habrá que improvisar.
Ordenar este caos de ilusiones, desordenar los estantes que nos contienen. Contrariedades.
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