viernes, 13 de septiembre de 2013

Saber

A mí me gusta el arroz. En todas sus formas. Pero recién me doy cuenta. Pienso, qué comida más noble; el más audaz de los granos. Podes hacer platos elaborados que rozan lo gourmet, enormes guisos calientes y llenosos, frescos granos fríos en ensaladas.

Instantáneamente mi yo más puro, más esencial, más antiguo sale estirando uno de sus largos pedúnculos que destella de partículas negruzcas semi-brillantes hasta tocar las partes más externas de mi mente consciente, para que envíe señales electromagnéticas con información motriz a una serie de departamentos que trabajan en pos de movilizar los músculos correspondientes para permitir el habla.

Quiero saberlo todo sobre el arroz.

El pequeño aparato tecnológico que reconoce el movimiento del aire que transporta el sonido de mi voz los traduce a vibraciones, que se convierten en distintos impulso electromagnéticos lingüísticamente representados con ceros y unos, manipulados por diferentes herramientas y conectados a diversos macro-sistemas para acceder a una base de datos que por acción de miles de paradigmas que lo atraviesan elija entrópicamente uno de esos millones de datos y nos traiga, aquí, a nosotros, una búsqueda universal hecha de la forma más básica posible.


Así de fácil es saber muchas cosas.

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