Fin de año me da ganas de agradecer por todo lo positivo que sale de mi balance: la gente de la facu nueva, la banda, el libro, la creatividad, el mok; todas esas cosas que forman mi mundo y se formaron gracias a ustedes.
Agradezco, por lo tanto, en particular a:
Manu, por ser mi oso de peluche enorme y por las nalgadas.
Diana, por aparecer en mi vida para probarme, para tentarme y ser mi socia del mal.
Endo, por masticarme el cerebro.
Santi, por todo.
Gato, por la felicidad, las risas y la magia.
Barney, por uno de los mejores consejos de mi vida, y por esa hermosa sonrisa.
Skiel, por ser mi pedacito de caos.
Ne, por el tiempo vivido, los colores y las historias.
Ives, por ser mi hermano adorado.
Torso, por ser mi hermano del mal.
Maju, por ser vos, mi hermana hermosa, loca y salvaje.
Seba, por encontrarme y sacudirme el marote.
Isa, por estar conmigo siempre, no matter what.
Sabri, por tu positividad.
Jose, por ser una ídola.
León, por seguir siendo mi socio.
Aie, por las risas y la buena onda aunque no estemos mucho tiempo cerca.
Mat, por el tiempo pasado.
Markos, por los consejos, el tiempo dedicado y la locura.
Huevo, por la mística, la magia y los ruiditos.
Y a los demás que no están cerca pero que forman parte de mi mundo y aportan lo suyo para que sea mágico:
Juli, Caro, Gonzass, Kaño, Mamer, Mauri, Andrés, Moncho, Bili, Lei, Brodo, Merche, Sofy, Campa, Aili, Zippo, Damián, Nani, Palmer, Fede, los chicos de la primaria, Maurus, Nico, Alvin, Mari, Feli, Leo, Guido, Jesi, Li, Umi, Sebas, Paulis, y toda la gente que no nombro pero que saben que son importantísimas para mí y que las quiero ♥
viernes, 31 de diciembre de 2010
jueves, 23 de diciembre de 2010
Carrera
Cuando paré de correr, me di cuenta que no había tal cosa como una persecución, o una huida.
No teníamos el miedo que creíamos tener. Había una leve incomodidad en nuestro pecho; nada más.
Corríamos por la desesperación. Estábamos desesperados por sentir algo.
No era miedo, no era tristeza, no era pena. Era la fría e inexorable necesidad de llenar el vacío. Nos refugiamos en irrealidades solo para poder perseguir algo.
Estábamos desesperados.
Porque vimos que, habiendo dejado de correr, parados rígidos, mirando suspicaces alrededor, los fantasmas seguían corriendo, zumbando a nuestros lados. Sin vernos, continuaban en su frenética carrera. ¿Hacia dónde? Ya no podíamos saberlo, porque habíamos dejado de correr. Habíamos negado esa pulsión alocada.
Pero antes, tal como ahora, estábamos desesperados.
No teníamos el miedo que creíamos tener. Había una leve incomodidad en nuestro pecho; nada más.
Corríamos por la desesperación. Estábamos desesperados por sentir algo.
No era miedo, no era tristeza, no era pena. Era la fría e inexorable necesidad de llenar el vacío. Nos refugiamos en irrealidades solo para poder perseguir algo.
Estábamos desesperados.
Porque vimos que, habiendo dejado de correr, parados rígidos, mirando suspicaces alrededor, los fantasmas seguían corriendo, zumbando a nuestros lados. Sin vernos, continuaban en su frenética carrera. ¿Hacia dónde? Ya no podíamos saberlo, porque habíamos dejado de correr. Habíamos negado esa pulsión alocada.
Pero antes, tal como ahora, estábamos desesperados.
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