Dejaste de mirarme de la misma manera, justo cuando dejé de negar su efecto en mí.
Mientras no estuvimos cerca tuve que aceptarlo; no fue fácil reconocer el hechizo de la inocencia, hasta que encontré en él el círculo. Destruir tu inocencia, y darle lugar inconscientemente a que esa inocencia destruyera mis estructuras, mis muros, mis defensas.
Franqueaste todo el laberinto, y aun así, algo cambió. ¿Qué cambió?
No dejes abierto el camino.